Después de mi etapa como madre comunitaria continué mi camino en la educación. De mis cerca de 19 años como docente, trabajé 11 en la vereda Morrongo, una comunidad a la que le tengo un profundo cariño.




Allí desarrollé una parte importante de mi vida laboral y social, acompañando la formación académica y personal de niños, niñas y jóvenes de la zona rural.
Para mí, educar también implica escuchar, orientar, comprender las dificultades de los estudiantes y motivarlos a luchar por sus sueños.